Retomando el tema del respeto, en esta segunda entrega intentaré referirme a cómo me respeto a mí misma, ¿Cómo me cuido?, ¿Dónde me sitúo?, ¿Cómo me valoro?¿Qué peso tiene para mí la opinión del otro?.

Me doy cuenta que al primer sitio que me lleva es al miedo, miedo al rechazo, a la falta de aceptación, al juicio, a no cubrir las expectativas del otro, a no encajar con los valores de esta sociedad….

Viajando por este camino, automáticamente contacto con mi niña, esa pequeña niña que tenía tanto miedo a no gustar, que intentaba ser aprobada, primero por mamá y papá y luego por todas las figuras de autoridad que desfilaban en la infancia.

De una manera más sofisticada en mi adultez, navegaba entre la rebelde y la sumisa con la atención puesta en la devolución exterior, hasta que poco a poco fui intentando encontrar mis propios valores y al conseguirlo, respiraba en profundidad apoyándome en ellos y dándome cuenta en primer lugar que nacían de mi corazón y no de mi cabeza razonable y en segundo lugar, que eran flexibles, no por ello condescendientes, y que buscaban o se apoyaban en la fuerza creativa vital, fluyendo con los sencillos movimientos del desarrollo y el crecimiento.

Estos valores aunque sean mi verdad, no tengo porqué imponerlos a nadie, cada uno de nosotros tiene sus propias verdades, sus propios valores, sus propias experiencias y así,  además de respetarme a mí, respeto al otro.

Puedo escuchar desde este sitio las opiniones del otro, pero elijo, en profundidad si aceptarlas o no.

También respeto mis fallos, los observo, los intento conocer lo más posible, no los pongo debajo de la alfombra, los miro de frente, con respeto para transformarlos, intento no juzgarme, si no responsabilizarme y por supuesto, no pretendo ser perfecta, solo seguir aprendiendo.

Suena bonito ¿verdad? Pues les confieso que es un camino, que aunque muy creativo y fortalecedor, a veces no demasiado fácil para mí.

Los automatismos o los condicionamientos aprendidos, muchas veces me llevan a faltarme el respeto y me doy cuenta que tiene que ver con que me han faltado el respeto de pequeña y comprendo que también a mis padres les faltaron el respeto de pequeños. Esa cadena viene de lejos y la única salida que tiene es la aceptación desde el corazón, que ha sido así por ignorancia. El desafío aquí y ahora es el de transformar ese automático y aprender desde la humildad a saber que tengo poco a poco que entrenarme en el respeto hacia mí misma y hacia los demás como un bello camino de crecimiento.

 

Los invito a que poquito a poco, cultivéis esta semilla, hacia la fuerza de la vida primero, que es más grande que nosotros, hacia nosotros después y veréis que curiosamente florecerá con el respeto hacia los demás.

La brújula el corazón, el mapa la razón flexible, no la razón narcisista de ganar, y la gasolina el aliento de la respiración del puro presente que me permite desarrollarme cada vez más, hasta que me toque despedirme de la vida.

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