VIAJE A NUESTRO NIÑO INTERIOR

VIAJE A NUESTRO NIÑO INTERIOR

 

Este es un viaje para poder escuchar y reparar al niño herido que llevamos dentro, lo que nos devuelve la energía espontánea y creativa que todos tenemos.
Recuperemos las ganas de reír jugando con la vida.

Próxima edición: 11 y 12 de enero de 2.020

VIAJE A NUESTRO NIÑO INTERIOR

VIAJE A NUESTRO NIÑO INTERIOR

En que consiste este viaje? En ir poco a poco contactando con aquel pequeño niño o niña que fuimos alguna vez para que nos cuente quién ha sido, cómo vivió cosas que quizás nosotros quisimos, consciente o inconscientemente, olvidar o no recordar.

Decía el Psicoanalista Jacques Lacan que “el cachorro humano” es el más frágil de los animales porque su cerebro y su motricidad tienen un desarrollo más lento de maduración que las otras especies de éste reino, con lo cual está más expuesto a los avatares de la vida.

Ocurre que cuando nace y en la primera parte de su infancia es cómo una esponja, que absorbe todo sin mucha posibilidad de discernir y asimilar lo que está pasando. Los adultos, aunque quieran estar muy atentos y ser cuidadosos, hay situaciones y espacios a los que no llegan; sencillamente porque hasta que no se estructura bien el lenguaje, el vacío de la expresión sin palabras da lugar a una ausencia que no se puede solventar.

Es ahí donde comienza todo un aprendizaje trabajoso, y es ahí también, el lugar dónde  nacen las heridas emocionales que poco a poco cobran fuerza, acompañadas  de mensajes determinados, que a veces se dicen sin saber o querer. Es en ese momento donde se forman las fijaciones, las cuales van a ir poco a poco  construyendo la coraza caracterial.

La posibilidad desde el adulto que somos, de poder recuperar al niño que uno fue, y comprenderlo poco a poco nos ayuda a completarnos y a rescatar  la energía que ha quedado atascada en esos años.

Otro punto importante es que  nos permite revisar, conocer e integrar las mal llamadas “emociones negativas”,  como puede ser la rabia, la tristeza, la envidia, los celos,… etc.

Y ¿para qué nos es necesario ese conocimiento? Para aprender cómo han sido en nosotros cada una de dichas emociones, comprenderlas, aceptarlas y aprender como adultos que somos a gestionarlas mejor, en esto consiste el proceso de maduración.

El niño no sabe, no puede, no ha aprendido, nosotros sí podemos ensayar otras maneras  y manejarlas cada vez con mayor maestría.

Otro motivo para conocer al Niño Interior que habita en cada uno de nosotros, es porque justamente en él está la fuerza y creatividad espontánea de jugar y  poder vivir desde la ilusión cada día. El redescubrirla  más allá de la edad que tengamos, nos devuelve la maravillosa fuente de vida que siempre buscamos fuera.

 El niño posee tímidamente, estrepitosamente, discretamente, silenciosamente,  esa semilla de picardía y asombro que en algunos momentos se manifiesta en nosotros. Darle espacio y  acompañarle a que nos abra los ojos a la sorpresa de los pequeños guiños cotidianos hacen que el corazón dance y la barriga también!

Los invito a experimentar este maravilloso juego, los invito al taller y a sentir la vida mientras estemos en esta tierra!

 

CONSTRUIR UNA PAREJA….MENUDO VIAJE 2(Reflexiones de una terapeuta gestáltica)

CONSTRUIR UNA PAREJA….MENUDO VIAJE 2(Reflexiones de una terapeuta gestáltica)

Siguiendo con nuestro viaje, llegamos a la segunda escala: el puerto de la frustración

LA ISLA DE LA DESILUSIÓN. En este segundo puerto de la relación de pareja, se produce la etapa en la que poco a poco vamos descubriendo a la persona real que está a nuestro lado y vemos que no es tan perfecta como pensábamos o que nosotros no estamos a su nivel, según los valores e imágenes rígidas que tenemos internalizadas.  La idealización y la desilusión caminan de la mano de la fantasía y normalmente nos llevan al sufrimiento.

Cuando se va disolviendo la idealización, el sueño romántico, las expectativas, poco a poco se va haciendo presente todo lo que habíamos proyectado NUESTRO en el otro y que en muchos momentos, poco tiene  que ver con la persona que tenemos en frente.

Allí descubrimos por ejemplo que, algunas cosas que antes nos atraían de nuestra pareja, como  un gesto, una palabra, una actitud, ahora nos molesta, o tal vez pensamos que sería mejor que fuera de otra manera e incluso nos llega a dejar de gustar ese aspecto.

Cómo hemos construido una relación basada en una imagen  es lógico que nos sintamos engañados y frustrados y que eso nos produzca una sensación desagradable e incómoda, dónde el amor que sentíamos empieza a ser cuestionado por nosotros mismos.(Les pregunto:¿es el amor real o es el amor a la imagen que construimos?) No obstante, es importante tener en cuenta, que en lo más profundo ese malestar no está en relación con el otro, si no con nosotros mismos y con los mensajes e ideas que nos hemos construido de la persona.

También puede ocurrir lo opuesto, y es que cuando vamos conociendo a nuestra pareja real nos surja la sensación de que en realidad no estamos a la altura de la persona que tenemos en frente. En esos momentos, nos invade una gran inseguridad y mucho miedo a ser rechazados, a la descalificación y al juicio del otro y comenzamos a tener un comportamiento de constante autoexamen y control, así como también hacemos un gran esfuerzo para gustar a la otra persona, que en muchas ocasiones resulta agobiante para los dos miembros de la pareja.

En esta etapa se juegan inconscientemente los roles de padre, niña o viceversa y se actúan los condicionamientos, emociones y heridas de nuestra etapa infantil o nuestro modelo de padre / madre que hemos vivido. 

Por todo esto, este momento es bastante difícil de atravesar y en ocasiones lleva al naufragio de la pareja.

Pero en realidad la crisis, puede ser una buena oportunidad para lograr transformarnos y crecer en compañía, construyendo un camino nuevo de encuentro y satisfacción.

Aunque las respuestas más comunes en estos momentos de la relación no tienen mucho que ver con la autorreflexión y la responsabilidad de ver que me está pasando a mí con esta relación  y con esta persona. Normalmente el camino que se transita es mirar hacia afuera buscando en el otro las causas de los malos entendidos, echarle la culpa e intentar cambiarlo para que se adapte a la idea que yo tengo  de él o ella porque “mi verdad es la que tiene más peso”, o bien cambiarnos a nosotros mismos para agradar al otro.

Cualquiera de las alternativas es equivocada, ya que se sustenta en que uno de los miembros de la pareja, o ambos, tienen que actuar y convertirse en alguien que realmente no son. Esta adaptación  forzada nos hace perder el norte de lo que en realidad somos y nos llena de sufrimiento, inseguridad y angustia, tanto a nivel individual como en la relación.

En la primera época del coqueteo, en el enamoramiento, dónde cómo el pavo real  mostramos lo mejor de nosotros mismos en el intento de encantar o cautivar al otro, incluso podemos falsear aspectos propios, que a priori no tienen relevancia, para parecer más “perfectos” de lo que en realidad somos.  Esos personajes, a medida que pasa el tiempo van dando paso a las personas reales que somos con nuestras dudas, inseguridades, miedos y carencias, cómo todos. Si reconocemos que la dinámica vital está en constante cambio, transformación y evolución, podemos soltar las máscaras y atrevernos poco a poco a ser nosotros mismos.

Lo que ocurre es que nuestra cultura está manejada por imágenes y valores rígidos que nos plantean un mundo dual de patrones fijos  que se mueven entre lo bueno y lo malo sin tener en cuenta que las personas y las parejas estamos en constante movimiento y crecimiento dinámico.

Curiosamente si no se gestiona la relación desde esta perspectiva del cambio, de la verdad profunda de cada uno y desde un corazón abierto y sin juicios descalificativos de mejor o peor desde un inicio, el resultado provoca más deterioro y tal vez pueda dar lugar a la ruptura de la relación y con ello el surgimiento de esa sensación de engaño y frustración (de las qué hablábamos al inicio).

La salida consiste en revisar nuestros patrones e imágenes fijas  que nos hacen tener una idea preconcebida de cómo debe ser una pareja, de cómo tiene que ser el otro para mí o cómo tengo que ser yo para gustar al otro, impidiéndonos ser nosotros mismos; aún con el miedo a arriesgarnos a mostrar nuestra hermosa humanidad imperfecta.

Realmente, lo que se juega en la etapa de la desilusión, son las imágenes que por nuestra historia personal se han ido fijando a nivel inconsciente con relación a la idea de cada uno, de cómo tiene que ser una pareja. En estos momentos de desencuentros se van disolviendo y desintegrando todos los tópicos, dejando al descubierto lo que de manera más real somos cada uno de los integrantes de la relación y cómo estamos condicionados por los modelos vistos, vividos e imaginados.

Ésta etapa es sin duda la más interesante para crecer si somos capaces de campear las tormentas de los “debería”, los “quien tiene razón”, “cuáles son los mejores valores si los tuyos o los míos”, etc. Porque ahora después de los relámpagos, las lluvias y los truenos de cada uno,  es muy probable que puedan tener la oportunidad de ver un arco iris al abrir el corazón a construir un camino medio dónde el diálogo, la comprensión y sobre todo el amor maduro puedan hacer crecer una hermosa propuesta de convivencia llena de aventuras, como lo es tener una pareja.

CONSTRUIR UNA PAREJA…MENUDO VIAJE 1(Reflexiones de una terapeuta gestáltica)

CONSTRUIR UNA PAREJA…MENUDO VIAJE 1(Reflexiones de una terapeuta gestáltica)

La verdad que construir una pareja es un viaje profundo hacia el conocimiento del alma humana. Dicen algunos sabios, que la pareja es la universidad de la vida y creo francamente que algo de verdad tienen.

En mi experiencia no solo como terapeuta, sino también como alguien que ha construido sus parejas a lo largo del tiempo, este viaje supone el desarrollo de miles de reflexiones, habilidades y conocimientos tanto del otro como de uno mismo. Es un camino  hacia nuestros más profundos deseos y hacia las frustraciones más difíciles de superar. Un viaje que supone no solo experimentar miles de emociones y sensaciones, si no que nos lleva a un crecimiento, a una sabiduría y nos dota de una experiencia que creo que merecemos vivir.

Es por eso que intentaré realizar un buen análisis de todas sus etapas dónde se visitan varios “puertos”.

Primera escala, puerto del romanticismo: La Isla del Amor Romántico.

Segunda escala, puerto de la frustración: La Isla de la desilusión.

Tercera escala, puerto de empoderamiento: La Isla de la reparación y la fortaleza

Cuarta escala, puerto del amor sano: La Isla del crecimiento y la madurez

En este primer artículo comenzaré por hablar de la primera escala, que parte del puerto del romanticismo. !!!!!!!!Allí vamos!!!!!!!!!!

 

LA ISLA DEL AMOR ROMÁNTICO. Esta es una etapa que a pesar de tener raíces en la infancia, puesto que tiene su origen en las primeras miradas, caricias y palabras, que recibimos de pequeñ@s, hace su gran aparición en la preadolescencia. Se inicia de forma consistente cuando las hormonas comienzan a despertarse en nuestro cuerpo, la sexualidad muestra sus primeros movimientos y el estallido de ese amor romántico no se hace esperar.

Allí vienen a nuestra memoria emocional, racional y corporal las diferentes imágenes de parejas que hemos visto (tanto en casa como fuera), leído, escuchado en canciones, visto en películas… y todas se ponen en juego al servicio del impulso necesario para salir en su búsqueda.

Es entonces cuando proyectamos en los modelos del momento, ese deseo idealizado que todos alguna vez hemos tenido; cantantes, actores/actrices, compañer@s, profesores y demás, tienen el papel importante de espejos que hacen que nazca y se desarrolle la fuerza natural del enamoramiento, la que nos genera esas cosquillas en la barriga ¡Ayyyy las famosas mariposas! La danza de las hormonas y el deseo se mezclan con las imágenes románticas e internalizadas, apoyadas en los modelos y valores que nos han sido transmitidos en la familia de origen y también en el entorno cultural dónde hemos crecido. Esos valores, que muchas veces operan de manera inconsciente, y que nosotros vivimos cómo verdades absolutas.

Es entonces cuando comenzamos a crear un guion prácticamente “cinematográfico”, que nos lleva a observar al mundo y a buscar en él desde la perspectiva de nuestras “gafas”, a personas con ciertas características que puedan encajar en las imágenes idealizadas que hemos elaborado con tanto cuidado y de forma casi “mágica”.

En esta fase en la que nos encontramos aun siendo adultos, no necesariamente adolescentes, vamos a tener distintas expectativas que ponemos sobre el otro. Por eso les pido que hagamos esta reflexión: ¿Qué le pedimos al Amor Romántico?

Si nos damos cuenta entre las cosas que buscamos en nuestra pareja ideal, suelen encontrarse las demandas y las heridas de nuestra infancia y la necesidad de ser reparadas. Frases como: “Esta vez creo que l@ encontré”, ¨Parece que ahora he tenido puntería”, “Tal vez esta vez sí es quién estaba buscando”… y hay muchas más, ¿verdad?

En realidad lo que está ocurriendo es que frente a ciertas características del otro, como pueden ser gestos, palabras, olores, etc. se despiertan en nosotros recuerdos no conscientes, que nos llevan a embarcarnos en un viaje de sensaciones, emociones, instintos profundamente fuertes que dejan de lado parte de la razón para dar paso a la explosión del corazón y la sexualidad, la llevemos a cabo o no.

Durante el desarrollo del amor romántico, todo se centra en esas mariposas en la barriga que nos llevan de un lugar a otro cuando escuchamos su voz, percibimos su piel, su olor, o su forma de mirarnos…. Soñamos que mágicamente, esa persona, va a poder escucharnos, entendernos, cuidarnos y sanarnos (incluso en las ocasiones, que esa demanda no se produce de forma explícita). Esa persona, mi pareja ideal, es la que me va a completar (como si fuera alguien incompleto por mí mismo, alguien que no tiene su valor al cien por cien si otro alguien no se “encaja” en mí). Este ideal, me va a salvar del miedo a la soledad (tal y como si de un superhéroe o una superheroína se tratase, quien solo con ver la señal del miedo en el cielo, vendrá a salvarnos de nuestros temores).

Es por todas estas creencias, por todas nuestras verdades universales que tomamos como base para construir una pareja la famosa Imagen de la Media Naranja, El Alma Gemela. De ahí también la fuerza del Amor Romántico, es cómo el sueño del regreso al paraíso perdido.

Lo bueno de esta fuerza es que muchas veces nos lleva a ser audaces, intrépidos, locos. Nos hace abrir el corazón y atrevernos a vivir una experiencia. Lo menos bueno, es que poco tiene de real y sí mucho de la proyección de nuestros ideales. Realmente no tenemos la capacidad para ver a la persona que está frente a nosotros, ya que sólo es un espejo de nuestros propios deseos.

En esta aventura que supone la creación de una pareja, suelen entrecruzarse muchas fuerzas internas de las que no somos conscientes; las inseguridades, los miedos, los celos… y que en la etapa adolescente nos sirven para ir poco a poco conociendo y sabiendo quienes somos en cada momento y por supuesto creciendo.

Ya en la adultez, aunque de forma diferente, es necesario atravesar esta etapa y saber gestionarla de una forma más resolutiva que en etapas vitales anteriores. Muchas veces resulta difícil por encontrarnos anclados en la imagen que buscamos y queremos que el otro cumpla, en definitiva que encaje en nuestro guion, y es ahí donde perdemos la posibilidad de conocernos y conocer realmente a la otra persona, más allá de la idea que tenemos de él o de ella.

Cuando digo que El Amor Romántico es producto de una serie de idealizaciones y deseos que vamos construyendo con relación a la pareja y al amor, me refiero a que nuestra imaginación es libre y en nuestro subconsciente tenemos grabadas una serie de imágenes desconocidas que nos llevan a buscar desde lo más profundo de nuestro deseo, la realidad y las personas que encajen en ella. Es por esto que, solamente poniendo Luz y consciencia en ellas (en esas imágenes e idealizaciones) podemos comprender lo que muchas veces nos parece incomprensible, cuando hablamos de lo que le pedimos al amor.

Atravesar El Amor Romántico nos hace ensanchar el corazón, sentirnos vivos y festejarlo, pero sobre todo nos ayuda a comprender cuales son nuestras necesidades, nuestras heridas, nuestras inseguridades y por supuesto, a vivir nuestra capacidad de entrega y conocer la capacidad de entrega del otro.

Vale la pena, pero tan solo es el primer puerto que tenemos que visitar para vivir la experiencia de pareja.

Nuestro viaje continua hacia la Isla de la desilusión ¿Te atreves seguir transitando en estas reflexiones los diferentes puertos del amor y la pareja?

Hasta la próxima

 

La Prosperidad. Reflexiones de una terapeuta humanista.

La Prosperidad. Reflexiones de una terapeuta humanista.

Hola, buenas tardes. Aquí y Ahora estoy frente al ordenador compartiendo mis reflexiones sobre un tema  bastante usado y tal vez poco profundizado, les pregunto: ¿Qué les evoca a cada uno de ustedes la palabra Prosperidad? ¿En qué piensan y que imágenes se les pasan por la mente? Monedas….. Tesoros…. Mucho dinero…. ¿Dónde se sitúa cada uno frente a ella?¿Qué les provoca? ¿Se permiten imaginarse plenamente prósperos?…..

Este es uno de los puntos de partida fundamental para abrirse a ella.

Quiero hablar con total humildad al respecto: Para mí tener prosperidad significa abrir los ojos esta mañana y sentir que estoy respirando, que estoy viva, que puedo hacerles partícipes de estos pensamientos.

Sí es verdad, creo que la Vida es el mayor milagro que me ha sido dado, puedo invertirla en las cosas y situaciones que voy construyendo en el día a día, puedo descubrir de que manera tengo que danzar con ella para lograr mis objetivos e intentar ser feliz, DÁNDOME CUENTA que en este instante que respiro cuento con el mayor tesoro, que es la energía que mueve a mi organismo y lo empuja a crecer, a experimentar, a crear.

Suena bonito, ¿no es cierto?.  Y ahora me pregunto: ¿Qué me impide experimentarlo de VERDAD?  Y es ahí donde se abre la “Caja de Pandora”. Una serie de creencias, condicionamientos y fidelidades que llevo conmigo y que se oponen sistemáticamente A ESTAR EN EL PRESENTE CONTINUO. A poner en juego y desarrollar todas mis capacidades

¿Cuál es la puerta de salida entonces para este laberinto mental? Conocerlo y conocernos cada día más,  con mayor profundidad.

 Esto es posible y sanador. Éste es el mayor reto que tenemos que afrontar. Hay un solo misterio para desarrollar el camino consciente: ES EN EL AQUÍ Y AHORA donde se juega, porque AQUÍ Y AHORA  es DONDE ESTOY RESPIRANDO Y LA VIDA QUE ES PURA TRANSMUTACIÓN, NOS ACOMPAÑA A HACERLO.

  Ese es uno de los pilares fundamentales dónde hay que apoyarse. Hay un segundo pilar que es Responsabilizarnos, que no es otra cosa que RESPONDER a  nuestra historia personal porque es en ella dónde están las herramientas que permiten el  cambio. Y sobre todo confiar que Esa Respiración constante nos sostiene, nos contiene y nos apoya para que el día a día sea una verdadera fuente de crecimiento.

La Prosperidad se refleja todo el tiempo en cada momento.

 Los árboles, las frutas, los  animales, el sol, el mar, las estrellas, la luna nos invitan a que nuestro corazón, que AHORA late, pueda crecer, vivir, experimentar y darse el derecho y el merecimiento de ser Próspero.

Quiero compartir para cerrar este artículo un pensamiento de un gran sabio llamado Rabí Nachman de Breslau (1772-1810) :

“¡Debes saber! El hombre anda por la vida sobre un puente muy angosto.  Lo más importante es no tener miedo”.

 

Solo toca atreverse a Ser Uno Mismo con todo su potencial.

Os dejo con esta reflexión , hasta otro día.

 

Recuerda que este fin de semana hacemos un taller: El Viaje hacia la Prosperidad. Reserva tu plaza.

 

 

 

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